Un lugar.

 

Un lugar, no tiene necesariamente la respuesta a la pregunta que tengamos dentro.

Pero puede cambiar las condiciones desde las que estamos mirando.

Puede influir en cómo nos sentimos, en aquello a lo que prestamos atención y en la manera en que nos encontramos con lo que estamos viviendo.

Eso no significa que un mismo lugar genere la misma experiencia en todas las personas. Porque así como el espacio influye, nosotros también lo hacemos. Y la experiencia surge justamente del encuentro entre ambos.

Por eso, en determinadas condiciones puede aparecer una disponibilidad que antes no teníamos. Permitiéndonos ver una necesidad, una idea o algo que sentíamos, pero que todavía no habíamos podido reconocer.

No porque el lugar tenga la respuesta, sino porque nosotros podemos estar más disponibles para percibirla.


El espacio no siempre cambiará lo que estamos viviendo. Pero si puede cambiar nuestra manera de verlo.

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La manera en que habitamos nuestros días.